VIERNES 23 DE NOVIEMBRE DE 2012
Queridos hermanos y hermanas en el Señor,
Estoy en el proceso de reanudar mis entradas a mi blog. Mi pausa de estas entradas en el blog se ha debido a los preparativos para mi traslado a Orange, California. Lo que escribo a continuación es una reflexión sobre algunas de las celebraciones religiosas a las que he tenido el privilegio de asistir durante el mes de noviembre. Una vez que llegue a Orange, el formato cambiará un poco y tengo también planes tentativos de comenzar a hacer "tweets" con una cuenta nueva de Twitter. Pero, por ahora, Pazienza (paciencia) como se dice en italiano.
El mes de noviembre comienza litúrgicamente con la celebración del Día de Todos los Santos y el Día de los Muertos (el 1 y 2 de noviembre, respectivamente), lo que le confiere al mes un carácter e identidad especial, siendo dedicado entonces a todos los "Fieles Difuntos". Ambas fiestas han sido celebradas en esos mismos días desde alrededor de los siglos IX y X, respectivamente. Estos días son un tiempo para reflexionar sobre la realidad de la Comunión de los Santos, la Vida Eterna, el Misterio Pascual, el Purgatorio y la obra de misericordia espiritual de Rezar por los Muertos. El 2 de noviembre, por primera vez desde que estoy en Fort Worth, tuve la oportunidad de celebrar una Misa al aire libre en el Cementerio del Monte de los Olivos (Mt. Olivet Cemetery) y bendecir las tumbas después de la Misa. Le expreso mi agradecimiento de manera especial al Padre Thu Nguyen por su cuidado pastoral y experiencia litúrgica en la preparación para la celebración de este día.
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| Misa al aire libre en el Cementerio del Monte de los Olivos en Fort Worth |
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| La Academia de San Ignacio en la madrugada |
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El recién terminado edificio de la Vida Parroquial de la
Catedral de San Patricio con una hermosa puesta
de sol en la distancia. |
Luego de esta Misa tuve la bendición de poder viajar a Loretto, Pennsylvania, a la Casa Madre de los Frailes Franciscanos de la Tercera Orden Regular (TOR), cuya presencia por 30 años en la Diócesis de Fort Worth ha sido una gran bendición. El Ministro Provincial, el Padre Nicholas Polichnowski, TOR, me había invitado a nombre de la comunidad, para celebrar la Ordenación Sacerdotal del Hermano Ronal H. Hurl, TOR, y del Hermano Jonathon McElone, TOR, (ambos estuvieron estacionados en la Diócesis de Fort Worth haciendo internados pastorales); y la Ordenación al Diaconado del Hermano Patrick J. Whittle, TOR, el Hermano Michael A. Tinker, TOR, el Hermano Augustine A. Lieb, TOR, y el Hermano Staffan K. Jakobsson, TOR. Ocasiones como éstas son oportunidades providenciales que el Señor nos da para enseñarnos, una vez más, el patrimonio franciscano en la vida de la Iglesia. Además, de la importancia de trabajar para construir una cultura de “vocaciones”, oración y apoyo para los Frailes Franciscanos en su ministerio y una reflexión general sobre cómo, en nuestra comunidad de fe, estamos unidos por el Señor en cada una de nuestras vocaciones respectivas para edificar Su Cuerpo aquí en la tierra, la Iglesia. El domingo después de esta celebración tuve la bendición de celebrar misa en la Universidad Franciscana de Steubenville, Ohio. Le doy las gracias a los Frailes en Loretto y Steubenville por su gran acogida y hospitalidad.

Hubo también una celebración de otro Fraile Franciscano de la Tercera orden Regular (TOR) en la Parroquia de Todos los Santos en Fort Worth para celebrar el 80mo cumpleaños del Padre Esteban Jasso, TOR y todos los años de su profesión religiosa y ordenación. Gracias, Padre Jasso, por su testimonio de fe incansable, su vocación franciscana y su preocupación por nuestras familias de inmigrantes; que ellos reciban el cuidado pastoral que recibieron las familias de inmigrantes de pasadas generaciones (todas las de nosotros) y que todos trabajemos por una reforma de inmigración que sea justa y que esté basada en la fe. Gracias además, Padre Jasso, por su apoyo inquebrantable del Colegio de Todos los Santos, cuya matrícula ha aumentado. (Vea la entrada anterior a mi blog.)
Durante el mes de noviembre se celebró también la reunión anual de los Obispos en Baltimore. Antes de esta reunión asistí a la cena anual de reconocimiento, "Umilta", en Washington, DC, en la cual se reconocen a aquéllos que han hecho una contribución significativa a la formación de los seminaristas en nuestro país. "Umilta" es sinónimo de "Nuestra Señora de la Humildad". Éste es el título de la Santísima Virgen, a partir de un icono con este nombre en la casa de postgrado de la Universidad Americana en Roma, la Casa Santa María. Este año fue especialmente importante para nosotros en el Norte de Texas, ya que uno de los reconocimientos fue otorgado al señor Bill Cicherski y su esposa Sue, de Dallas, por su dedicación por muchos años al Seminario de la Santísima Trinidad en Irving, Texas. Este Seminario, al igual que varios de nuestros seminarios, está lleno este año y tiene nuevas diócesis que envían los hombres que están interesados en el sacerdocio a estudiar aquí. El Seminario de la Santísima Trinidad se encuentra bajo el liderazgo capaz de Monseñor Michael Olson de la Diócesis de Fort Worth.

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| El Monumento de Lincoln |
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| El Monumento de Washington por la noche |
Finalmente, el lunes de la semana de Acción de Gracias, estuve en el Seminario de Santa María en Houston, Texas, para la instalación de un grupo de hombres para el Ministerio de Acólito. Entre ellos se encontraba Nghia Nguyen de la Diócesis de Fort Worth. Felicidades a estos hombres y al Rector de Santa María, el Padre Trung V. Nguyen, y a toda la facultad y personal de Santa María.
Deseándole a todos un Día de Acción de Gracias lleno de bendiciones,
+ Obispo Kevin W. Vann
Homilía para la Misa de Instalación de los Acólitos
Seminario de Santa María
Houston, Texas
19 de noviembre de 2012
Querido Padre Trung, personal y facultad de Santa María,
todos los que serán instituidos hoy como Acólitos y amigos todos,
Gracias por invitarme a estar con ustedes hoy en este momento tan importante en las vidas y formación de nuestros seminaristas. Les agradezco además su paciencia con las dificultades de mi itinerario, que se ha hecho aún más complicado desde mi nombramiento a Orange. Sin embargo, el punto importante es que, por la providencia de Dios, estamos juntos aquí para celebrar este importante día en la jornada hacia el sacerdocio de nuestros hermanos aquí presentes.
Cuando yo era estudiante del Seminario de Kenrick en St. Louis, en un tiempo que ahora parece muy distante de muchas maneras, el final del mes de mayo era siempre un tiempo muy alegre en el seminario porque era un tiempo de celebrar con gozo los ministerios y las ordenaciones en su bella capilla gótica que está dedicada a San Vicente de Paúl. La candidatura era primero, seguida por el lector la siguiente noche, entonces el ministerio del acólito, y luego las diferentes ordenaciones que se celebraban los sábados durante los meses de mayo y junio. La música era siempre hermosa, se hacía una gran celebración y fiesta con la familia y los amigos, y nos preguntábamos siempre quién iba a ser el Obispo celebrante y qué sería lo que iba a predicar. Muchos años más tarde, al dar una mirada a ese tiempo, ¡no hay duda de que nos estábamos concentrando en las cosas equivocadas! A los que fuimos instalados como acólitos ese año (1979) se nos dio la oportunidad de pensar seriamente sobre los deberes y la importancia del acólito para fortalecer la fibra del Cuerpo de Cristo ese año. El celebrante fue el Obispo George Gottwald, uno de los Obispos Auxiliares de St. Louis que era conocido como un gran predicador. Él tuvo varias responsabilidades a través de los años, una de las cuales fue ser administrador de la Arquidiócesis de St. Louis después de la muerte del Cardenal Ritter y antes del nombramiento del Cardenal Carberry – un tiempo muy difícil, ésa no era una responsabilidad envidiable. Al hablarnos antes del rito litúrgico de la instalación nos dijo que ahora “¡estábamos en el camino a ser víctimas!”
Bueno, esas palabras obviamente no coincidían con la fiesta en la que estábamos pensando que íbamos a tener en ese lindo día de mayo en St. Louis. Pero ahora, después de tantos años, puedo ver la profundidad y la intención de su reflexión.
Después de todo, en este rito, se les exhorta a ustedes a conformar sus vidas con el misterio de la Eucaristía, que ustedes van no solamente a distribuir, sino que van a distribuir durante la Liturgia y llevarla a los que lo necesitan. Por lo tanto, la Iglesia proclama que ahora ustedes van a ser ministros del Cuerpo vivo y la Sangre de nuestro Señor, quien es a la vez, víctima y sacerdote. Por lo tanto, ustedes se acercan cada día más al Misterio Pascual en toda su plenitud, y se les dará la oportunidad de vivir esa realidad en las personas a las que ustedes son enviados, y a participar en los sufrimientos y alegrías de las vidas de ellos. Ustedes tendrán que caminar, vivir y participar en esa realidad. Después de todo, el pasaje del Evangelio que ustedes escogieron – la multiplicación de los panes y peces – comienza con “Las multitudes, por su parte, se enteraron de esto y lo siguieron. Él los recibió y habló con ellos sobre el Reino de Dios y Él sanó a los que necesitaban ser sanados”.
Así como de importantes son los detalles litúrgicos al ejercer el ministerio del Cuerpo y la Sangre de Cristo, aún más importante es que ustedes son llamados ahora a una unión más profunda con el Señor cuando ustedes llevan Su Cuerpo y Sangre a los que necesitan Su presencia – al igual que las 5,000 personas estaban ese día en Betsaida. Y el llamado a esa unión más profunda será el Jueves Santo, el Viernes Santo e incluso el Domingo de Pascua, a veces todos en el mismo día con Cristo, víctima y sacerdote. Al ustedes decir hoy que “sí” a esto, ustedes están diciendo también que “sí” a una profunda nueva realidad e identidad para sus propias vidas.